Quienes Somos
En el año 1994 se conforma el Equipo Bíblico Rajab. Sus miembros, egresados de facultades e
institutos teológicos, están comprometidos pastoralmente en comunidades
eclesiales locales, son colaboradores en la misión de varias congregaciones
religiosas, y comparten experiencias en prácticas de educación popular y de
ecumenismo.
Desde entonces, como Equipo Bíblico, vamos compartiendo inquietudes,
certezas y desafíos, vinculados al desempeño de nuestra tarea como formadores
en diversos ámbitos académicos y seminarios catequísticos. Varias veces tuvimos la experiencia de
organizar y/o animar encuentros, seminarios, talleres, a nivel local, regional,
nacional y hasta continental, compartir la producción de publicaciones, ensayar
permanentemente el discernimiento y la
audacia.
Recorrer el camino de la vida, de la amistad, de la fe, del trabajo, del
estudio, nos llevó a definirnos como “Comunidad Teológica”. Ser comunidad implica, pues, para nosotros
y nosotras entablar lazos de vida nacidos de la fe, de la esperanza y del amor,
comprometidos en la misión de testimoniar la fuerza transformadora del
Evangelio.
En medio de los implicados procesos de discernimiento fueron surgiendo
preguntas. Preguntas vitales, que nos
movilizan y nos muestran, más que nunca, el rostro del Dios de la Vida, ese que
invita a dar pasos.
También veníamos resistiendo a cierto desencuentro en los procesos
educativos y las experiencias de fe: ¿cómo desarrollar la articulación entre
teología y pedagogía? ¿Es posible? ¿Cuál es su alcance? ¿Por qué y para qué
trabajar esta articulación?
En medio de estas incertidumbres volvían constantemente a nuestro debate
las matrices pedagógicas de la propia experiencia de fe, de la pedagogía del Maestro, de la esencia misma del Dios
que se revela con hechos y palabras, con un mensaje para todas las personas.
Soñar, como reivindicación fundamental, adquiere su plenitud cuando ese
sueño se construye con otros/as. Y es allí donde este equipo reivindica la
categoría COMUNIDAD, por esta tensión en la que nos encontramos de buscar
sentidos, de hacer de estos espacios auténticos LUGARES, es decir, algo más que
un sitio (recinto, local) e incluso más que posicionamiento (de pertenencia o
de ideas). Creemos que un lugar se plenifica con el sentido.
En este lugar la apelación continua a
creer es una conciencia creyente que quiere recuperar la confianza y la habilidad para buscar juntos la
verdad. Esto supone convencernos de que es urgente rechazar las visiones únicas
que gobiernan el mundo. Allí descubrimos, entre otras cosas, la razón y la
fuerza para “construir una casa humana común en la que podamos reconocernos a
nosotros mismos y reconocernos los unos a los otros”. Esperamos no quedar
“apresados por la claridad de una visión única”. Intentamos más bien ponernos
en camino una y otra vez como buscadores de la verdad y la vida, abiertos a
recibirla como don.
Toda esta riqueza simbólica viene inspirando nuestra práctica, nuestro
estudio, nuestra mística.