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Nuestro Kairós

Un espacio de producción de teología popular

 

 

Kairos

 

Los griegos tienen dos palabras para hablar del tiempo. Una es KRONOS y significa el tiempo que pasa, que se mide, el que se acumula o se "padece" en el camino de la historia. La otra es KAIROS y significa otro tipo de tiempo: un tiempo oportuno. Uno que se carga de intensidad y de sentido, que es significativo para las personas y los grupos; ese en el cual parece que el  reloj se detiene y un minuto parece un siglo o un año tan solo un instante. Es el tiempo apropiado de las vivencias y encuentros que nos dejan huellas y transforman nuestras vidas. Un tiempo en el cual nos sentimos “salvados”, porque sentimos la presencia amiga de Dios en la historia que habitamos. Por eso es que la reflexión cristiana ha asociado de una manera tan fuerte el concepto de salvación al de kairos.

 

 

 

¿Qué es “Nuestro Kairos”?

 

Así como el campesino trabaja la tierra y la siembra confiando en lo que todavía no se ve, así también nosotros  nos convocamos a un kairos, conscientes de la tensión de querer ver "donde no se ve".  Así, “Nuestro Kairos” pretende ser un espacio de producción teológica "apasionadamente creyente... precisamente porque lee con los ojos" de la fe"[1][1].

 

Nuestro Kairos lee con los ojos, escucha con los oídos, siente con la piel y el sabor de lo humano el mensaje del Dios [p1] [p1]de la Vida. Es un espacio capaz de percibir la vida allí donde campea la muerte. No trata solo de identificar, denunciar y condenar la injusticia; busca “abrir los ojos de los ciegos”(Isaías 42, 7) y hacer germinar semillas de vida y esperanza.

 

Es una mirada que busca ser sabia y profética...

 

...Sabia, para no perder de vista todo lo que nos hace ser quienes somos; y  por eso, capaz de mantener viva la memoria en medio de la transformación de las tradiciones.

 

...Profética  porque siente la urgencia de  reconocer cuándo las brasas se van convirtiendo en cenizas y qué se hace necesario para re-encender el fuego. Un tiempo para denunciar con ardor las injusticias y para negarse a caer en los desalientos que enfrían el aire que respiramos. Un tiempo de renovar la llama de las convicciones más profundas sobre la tierra que habitamos y el futuro que nos merecemos.

 

Para poder ser nuestro aspira a ser un “espacio” de acogida y de referencia para los sueños y esperanzas postergadas de tantos y de tantas. Y se transforma en kairos cuando al “desplegar las sogas de la tienda” (Isaías 54, 2-3) para  que haya lugar para todos los que quieran entrar, ofrece la posibilidad de quedar enlazados con cuerdas humanas (Oseas 11, 4) por Aquel que no mezquina amor de madre si su pueblo está en peligro.

 

Nuestro, además, porque no es un espacio al que se nos invita a entrar simplemente y quedarse pasivamente. Es nuestro porque pretende  involucrarnos activamente: es un “lugar” a construir. Un lugar donde todos/as somos actores pero que no se conforman con actuar un libreto escrito por otros, es decir, no a la manera de las telenovelas.

 

Nuestro, también, porque con el aporte de cada uno/a, y desde las diferencias reconocidas como riqueza, resaltamos la igualdad.  Así, asumimos el espacio como un “lugar” apropiado para que la vida, en toda su diversidad, pueda crecer y desarrollarse. Dicho con las palabras que describen la misión del “Siervo de Yavé” (Isaías 42), un grupo de personas que se auto-comprende como una resistencia empeñada en no quebrar la caña cascada, ni apagar la mecha que todavía arde (Isaías 42, 3).

 

En definitiva, quiere ser, en medio de este tiempo de transición, un proceso para preservar la memoria, la identidad y el horizonte de sentido en continuidad narrativa con la sabiduría de nuestros pueblos.

 

Nuestro Kairos, tal es el tiempo que queremos vivir:

 

Un tiempo propicio para valorar toda semilla por pequeña que sea y animarse a sembrar en la oscuridad de un amanecer que tarda en llegar.

 

Un tiempo de encuentro para mantener encendido el rescoldo y avivar los antiguos fuegos.

 

Un tiempo de amistad con el Dios de Jesús para construir un mundo donde quepan muchos mundos y no se niegue a nadie la creatividad para vivir y proyectarse que surge de la diversidad.

 

 



[1][1] Equipo de Teología Popular de Dimensión Educativa, Teología a pie, entre sueños y clamores; Colombia, 1997; pg. 158


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